El cobre bajo presión: mercados en alerta y aranceles en juego
Por: Julio de Jesús Ramos García
Apreciables lectores, en el complejo ajedrez de la economía global, el cobre ha vuelto a colocarse en el centro del tablero. Su valor no solo refleja las dinámicas de la oferta y la demanda industrial, sino también la tensión creciente entre los países que dominan su producción, transformación y consumo. En medio de esta tensión, el lenguaje de los aranceles vuelve a sonar como una amenaza latente o, en algunos casos, como una política activa que podría distorsionar aún más un mercado ya marcado por la incertidumbre.
Desde inicios de 2025, el cobre ha mostrado una clara tendencia alcista, impulsada por la demanda de tecnologías limpias, la electrificación de los sectores industriales y la urgencia de transición energética. Sin embargo, este auge ha sido acompañado por factores de riesgo: conflictos geopolíticos, nacionalismo de recursos en países sudamericanos y nuevas disputas comerciales entre Estados Unidos, China y la Unión Europea.
El caso más reciente es el debate sobre imponer aranceles a ciertos productos intermedios de cobre provenientes de países como China, bajo el argumento de prácticas de dumping o subsidios encubiertos. Estas medidas, promovidas por Washington y Bruselas, buscan “proteger” la industria nacional, pero también pueden desatar represalias y crear cuellos de botella en las cadenas de suministro. La paradoja es clara: se necesita más cobre para alimentar la transición verde, pero se ponen barreras que entorpecen su flujo global.
En América Latina, particularmente en países como Chile y Perú, principales exportadores del metal rojo, la respuesta ha sido cautelosa. Mientras buscan asegurar inversiones y contratos estables, también crece la tentación de imponer condiciones más restrictivas a las empresas extranjeras, bajo un discurso de “soberanía minera”. Esto podría llevar a una menor producción o a costos más elevados, afectando no solo los precios globales, sino también la estabilidad fiscal de estas economías.
Los aranceles, aunque políticamente populares, rara vez son herramientas neutrales. En el caso del cobre, pueden acelerar la inflación de insumos industriales, desincentivar la innovación y alejar la tan ansiada transición hacia energías limpias. Más aún, podrían romper el delicado equilibrio entre países productores, transformadores y consumidores, con consecuencias imprevisibles.
La pregunta de fondo es si los líderes del mundo están dispuestos a construir una nueva gobernanza de los recursos estratégicos, o si seguirán recurriendo a medidas proteccionistas que ofrecen alivios temporales a costa de tensiones estructurales.
Hoy el cobre vale más que nunca, no solo en los mercados, sino en las decisiones que moldearán el futuro económico y ambiental del planeta.

















