Proyección Sin Tapujos

Por: Juan José Sánchez García

El regidor albañil de Movimiento Ciudadano

Delfina y su gabinete: la ruleta del poder

“Cría cuervos y te sacarán los ojos”, reza el dicho… y en Toluca ya tenemos a un regidor que, en vez de defender la ley, defiende portones ilegales. Luis Felipe García, representante de Movimiento Ciudadano, decidió que su aportación a la vida pública no sería legislar, fiscalizar ni gestionar, sino avalar que un grupo de vecinos cierre una calle como si estuviéramos en tiempos feudales.

El asunto es más grave de lo que parece. La Ley Orgánica Municipal es clara: las calles son de todos, no del capricho de unos cuantos. Pero al regidor le pareció más rentable pararse con los vecinos que pusieron un zaguán, a pesar de que su acción bien podría estar enmarcada en el artículo 191 del Código Penal del Estado de México. Ojo: no hablamos de un capricho administrativo, hablamos de un acto que la ley sanciona.

Los defensores del portón dicen que buscan seguridad. Y claro, con ese argumento ya se justifican todas las ocurrencias: cerrar vialidades, dividir colonias y hasta poner retenes improvisados. Pero la seguridad no se construye con candados, sino con policías capacitados, alumbrado público y autoridad presente. El portón, lejos de proteger, solo fomenta el pleito entre vecinos y la idea de que las reglas son de plástico: se doblan al gusto del regidor en turno.

Lo sospechoso es la motivación política. No hay que ser adivino para ver que este tipo de gestos sirven como banderazo de campaña rumbo al 2027. ¿Cómo suena eso de “yo estuve con ustedes cuando pusimos el portón”? Pues suena a promesa barata de temporada electoral. Y ahí es donde la cosa apesta, porque mientras la gente espera soluciones reales, los políticos se disfrazan de gestores de “candados” para cosechar votos.

Toluca no merece autoridades que jueguen al arquitecto de callejones cerrados. Merece funcionarios que respeten la ley y que entiendan que la ciudad es de todos, no del grupo que grita más fuerte. Como dice el refrán: “el que hace un cesto, hace ciento”. Si hoy aplauden un zaguán, mañana validan un muro, y pasado mañana, ¿qué sigue?, ¿la ciudad amurallada versión medieval?

Delfina y su gabinete: la ruleta del poder

Mientras tanto, en el escenario estatal, la gobernadora Delfina Gómez lleva dos años administrando el Estado de México… o al menos tratando. Y lo que más da de qué hablar no son los logros —que brillan por su ausencia—, sino los rumores de cambios en su gabinete. Esto ya parece novela de suspenso, donde cada semana sueltan el nombre de un secretario que “podría salir”.

Dicen que en la Secretaría de Bienestar hay incomodidad por los “heredados” de Alfredo del Mazo. La Oficialía Mayor de Trini Franco suena como ficha lista para moverse hacia Educación. Norberto Morales, desde Trabajo, anda sacando músculo petista para recordar que el PT pesa más de lo que algunos quisieran. Y en Salud, Macarena ha sido vapuleada social y políticamente, al grado de que su permanencia ya se siente insostenible.

El 22 de septiembre se espera que caigan las cartas sobre la mesa. Pero ojo, que nadie se ilusione: los cambios no garantizan mejoras. Este gobierno, hasta ahora, se parece demasiado al anterior. Lo decía la abuela: “mismo perro con distinto collar”. Y aquí el collar de la “transformación” parece más barato, más flojo y con menos color que el delmacismo.

El gran problema es que Delfina no ha marcado diferencia. A dos años de gobierno, sigue navegando en gris, sin victorias que presumir ni golpes de autoridad que hagan sentir que llegó un nuevo proyecto. Lo que vemos es un gabinete peleado, parchado y lleno de rumores. Y mientras ellos se pelean por la silla, el Estado de México sigue con rezagos en salud, seguridad, transporte y empleo.

La política mexiquense se volvió una mesa de quinielas: todos apuestan a quién cae, quién se queda y quién brinca a otro cargo. Pero el ciudadano, ese que lidia con calles destrozadas y hospitales rebasados, está en la tribuna mirando cómo juegan con su futuro como si fuera un tablero de ajedrez mal pintado.

En resumen: Delfina prometió transformación, pero entregó un reciclaje mal hecho. Ya lo sabemos: “aunque la mona se vista de seda, mona se queda”. Y en este Edoméx, la seda se ve cada vez más desgastada.

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